BOLLENAR EN EL SIGLO XVIII, ERA CONOCIDO COMO EL CAMINO DE LAS DAMAS.
Bollenar, tierra de historia y esperanza
¿Sabías que el nombre Bollenar proviene del árbol nativo llamado Bollén?
Este árbol crecía abundantemente en la zona central de Chile, especialmente en el Cajón del Maipo, y hasta comienzos del siglo XX aún se encontraba en lugares como Mallarauco, Ibacache y en los cerros al interior de Las Perdices. Hoy, tristemente, ya no quedan bollenes en estos sectores… pero su nombre vive en nosotros.
Antiguamente, Bollenar se extendía desde Filomena hasta Chorombo, zona que fue propiedad de la familia Hurtado. Con el paso del tiempo, este extenso territorio se fue poblando poco a poco, hasta convertirse en lo que somos hoy: un pueblo con casi 15.000 habitantes, lleno de vida, esfuerzo y memoria.
En la década de los años 40, vivimos una época dorada. La bonanza llegó de la mano de la fábrica de cáñamo, ubicada en el sector de Miramar. Hasta el año 2008 aún se podían ver vestigios de las bodegas de secado de la antigua "La Cañamera". Gracias a ese auge económico, Bollenar creció: nacieron escuelas, como la Escuela N°22, y hasta tuvimos nuestro propio teatro. ¡Sí! Muchos no lo saben, pero estaba ubicado donde hoy funciona Áridos Díaz, en la casa que ahora pertenece a la familia González.
También tuvimos tren. Los más antiguos recordarán el corte ferroviario que existía al costado de la actual feria, junto a la avenida Valparaíso. Hoy todavía quedan huellas de aquel tiempo glorioso, como el Puente de Las Chiriguas o el Puente de La Higuera. Lamentablemente, el terremoto de 1985 destruyó el paso del puente de Chorombo, otro símbolo de nuestro pasado.
Bollenar siempre ha tenido una ubicación estratégica: estamos a solo 14 km de Melipilla, a una hora de la costa y también de Santiago.
Muchos no lo saben, pero hasta finales del siglo XVIII, este lugar era un paso obligado para quienes viajaban entre la capital y el puerto de Valparaíso. La ruta pasaba por Melipilla, Bollenar, la cuesta de Ibacache y Casablanca. Fue recién en 1798 cuando Ambrosio O’Higgins —padre de Bernardo O’Higgins— ordenó la construcción de la cuesta Zapata, acortando el viaje de 180 a 140 kilómetros. Aun así, el viaje era largo: las carretas tardaban entre 7 y 9 días, mientras que los carruajes a caballo lo lograban en 2 o 3.
Por aquellos años, a nuestro pueblo se le conocía como “El Camino de las Damas”, ya que, aunque más largo, era un trayecto más suave que el rudo camino de Lo Prado y Zapata
Este es mi pueblo, mi querido Bollenar.
Lleno de historias, de memoria y de sueños.
Sigamos luchando juntos, con esperanza y trabajo, para que algún día lo veamos convertirse en una próspera comuna, digna del pasado que la forjó y del futuro que merecemos.